Cuando el frío cala en el Estadio Universitario, debe haber una razón muy poderosa.

Cuando el frío cala en el Estadio Universitario, debe haber una razón muy poderosa.

Anoche, Juninho se alistaba a cobrar el penalti en la agonía del primer tiempo y el termómetro marcaba 11 grados centígrados en la cueva de los Tigres.

Una multitud de más 41 mil aficionados fijó su vista en el manchón de penal de la portería norte. El grito de júbilo contenido durante casi 45 minutos parecía programado para retumbar en el inmueble nicolaíta tan pronto Juninho tocara el esférico.

El defensa central de los Tigres jaló el gatillo, disparó sobre el palo derecho. El portero del Toluca, Alfredo Talavera, alcanzó a atajar el balón con su brazo izquierdo y enseguida lo abrazó.

El público guardó silenció por unos momentos. Juninho acababa de mandar al diablo la posibilidad del 1-0 y la temperatura comenzó a descender paulatinamente en las tribunas.

José Saturnino Cardozo, técnico de los Diablos Rojos, se puso tan contento con el lance de Talavera que hasta fue a abrazar al auxiliar de Tigres, Hugo Hernández cuando escuchó el silbatazo del árbitro Luis Enrique Santander para dar paso el medio tiempo.

El entusiasmo de la hinchada felina, encabezada por los Libres y Lokos, contagió al resto de los asistentes durante los primeros 20 minutos, pero la alegría de celebrar un gol de su equipo jamás llegó.

Un cabezazo del francés André-Pierre Gignac que se estrelló en el poste y una oportunidad clarísima de Jurgen Damm solo frente al portero pudieron haber detonado en el inicio de una gran posada navideña en el Uni.

Vestido con un traje negro, propio para un funeral, Cardozo miró en el segundo tiempo a su Toluca poner en crisis a los "EuroTigres" con tres llegadas de gol que pusieron a temblar a casi todo el estadio, excepto al portero Nahuel Guzmán, quien con un rechace evitó el colapso auriazul.

Cuando el juego de ida de la Semifinal terminó, era evidente la insatisfacción de la nación felina, pero hubo pocos abucheos e incluso no faltó quien trató de ver el vaso medio lleno.

"El 0-0 no es un mal negocio", comentó un optimista seguidor de los Tigres que caminaba rumbo al estacionamiento.

"Alguien le debería avisar a Cardozo que los goles de visitante también cuentan y en estos momentos valen más que los títulos ganados", agregó el hincha de la UANL.

Después de todo, la afición también es una institución y la de los felinos volvió a estar a la altura.

Por: Marco Almaraz

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