Vale más aquí corrió que aquí quedo

Las nuevas generaciones de jugadores de futbol americano ya lo piensan dos veces para echar raíces en la NFL.

El argumento son las conmociones, mismas que se ha comprobado desarrollan la Encefalopatía Traumática Crónica (CTE, por sus siglas en inglés), enfermedad que produce demencia, pérdida de movilidad y memoria, sordera, tendencia al suicidio, entre otras afectaciones.

El ejemplo más reciente es Corey Robinson, hijo del ex basquetbolista de los Spurs David Robinson, pues luego de sufrir tres conmociones en 2015 cuando jugaba con la Universidad de Notre Dame, el receptor, de 21 años, decidió retirarse del deporte de las tacleadas.

Pese a que estaba en el radar de varios reclutadores, con miras al draft 2017 de la NFL, Robinson priorizó su salud.

Esta tendencia es cada vez más evidente. Tan solo el año pasado 19 profesionales de menos de 31 años dijeron adiós a los emparrillados en busca de un mejor futuro para evitar casos como el del ex liniero ofensivo de Pittsburgh, Mike Webster.

El mítico Acerero murió a los 50 años de un infarto. El doctor Bennett Omalu analizó su cerebro y descubrió que padecía CTE.

Este año, Calvin Johnson, quien implantó con Detroit la marca de más yardas recibidas en un año (1,964 en 2012) se retiró a los 30; el safety de Kansas City, Husain Abdullah, también de 30, hizo lo propio, en tanto que A.J. Tarpley, con apenas 23 años, puso fin a su trayectoria tras una campaña.

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