Crisanto Grajales quiere ser ganador olímpico

Crisanto Grajales no escatimó en esfuerzo en la recta final de su preparación rumbo a los Juegos Olímpicos Río 2016, aunque eso le significara gastar 12 horas diarias.

Durante el mes previo a la justa veraniega, el triatleta veracruzano --de semblante sereno--, gastó cada medio día del último entrenamiento de altura en Las Cabañas San Luis La Malinche, Tlaxcala en afinar detalles en el ciclismo, la natación y la caminata.

El trajín de Grajales inicia a las 8:30 horas. El clima no le incomodó, pese a que la lluvia de repente apareció por la tarde, porque hubo intervalos despejados en los que el sol se asomaba.

El oriundo de Jalapa sabe que una de las claves es no pensar en el tiempo que falta para el fin de la jornada, en los kilómetros de carrera que tiene que devorar a cada paso, en las brazadas sin parar en la alberca durante dos horas y en las pedaleadas que necesita para subir la colina en bicicleta. Si lo hiciera moriría en el intento.

El triatleta, de 29 años y cuerpo menudo, espera que el trabajo que ha realizado durante dos décadas valga la pena en Río de Janeiro y se refleje con una presea.

"Todo atleta sueña con una medalla olímpica, desde Londres 2012 soñaba con una medalla, soñar no cuesta nada. Pagué la novatez en Londres un poco, casi pensaba que era invencible", afirmó Grajales.

El deporte corre por las venas del veracruzano. Sus padres fueron maratonistas y le cuentan que cuando era pequeño y apenas podía caminar, se caía y su padre lo regañaba.

"Apúrate, no te caigas", recordó Crisanto, quien a los 8 años realizó su primer triatlón en la Escuela Normal Veracruzana, de su natal Jalapa.

Después de hora y media de ejercicio, corriendo junto a su compañero Rodrigo González 12 kilómetros -a ritmo no competitivo-, dos más de la distancia olímpica en la carrera, lució fresco tras completar la primera fase... y eso que aún le quedaban casi 10 horas de preparación. Incluso se dio tiempo al medio día, después del almuerzo, para dar entrevistas.

Eugenio Chimal, su entrenador desde los 11 años y con quien ganó el Premio Nacional de Deportes 2015, ya lo esperaba en la alberca municipal de San José Teacalco, donde nadó sin descanso por dos horas. Increíblemente se veía entero al final de cada brazada, como si nunca se cansara.

A falta de 5 horas para terminar, Grajales tomó una siesta después de comer, pues se necesita un descanso cuando el triatlón olímpico demanda kilómetro y medio de natación, 40 de ciclismo y 10 de carrera.

Subir la colina en bicicleta es la última parte y él todavía lucía intacto, cobrando dimensiones de gladiador.

Y es que existen razones para vaticinar que Crisanto sea promesa de medalla en Río. Entrenó las últimas dos temporadas con el subcampeón olímpico de Londres 2012 y cinco veces mundialista, Javier Gómez Noya, se colgó el título Panamericano en 2015 y este año se agenció una plata en la Serie Mundial de Yokohama.

"En ese momento me acordé cuando era pequeño e iba llorando porque mi papá me llevaba corriendo y yo no quería correr", recordó tras cruzar la meta en el evento japonés.

"Hay veces que nos levantamos como zombis a entrenar, estamos muertos, pero es cuando dices vale la pena".


Por Yarek Gayosso

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