Ricardo Peláez tuvo que "pagar derecho de piso" a su llegada al club América.

Ricardo Peláez tuvo que "pagar derecho de piso" a su llegada al club América.

Al delantero se le recibió de forma amable en 1985, cuando se integró a un grupo de jugadores ya muy amalgamado, pero no se escapó de convertirse en el blanco de las bromas, incluso de parte de algunos que también tenían su primera experiencia como americanistas.

Al mismo tiempo que Peláez, llegó a las Águilas el defensa Efraín Herrera, quien venía del Atlas, pero ya no era un juvenil, a diferencia de Ricardo.

El "Cuchillo" de inmediato se percató del ambiente en Coapa y le resultó fácil unirse al tema de las bromas a los "nuevos".

Herrera comentó que Peláez se convirtió en el blanco de las travesuras y más porque era su compañero de cuarto.

"Es que Ricardo... era muy inocente y en todas caía, en todas, era muy inocente, pero era también muy divertido hacerle bromas", mencionó Herrera a CANCHA.

En una ocasión, "Cuchillo" tomó las llaves del auto de Peláez y lo escondió a unas cuadras de las instalaciones del club, y devolvió las llaves al lugar donde las tenía Ricardo sin que éste se diera cuenta.

Al salir ya del entrenamiento, el delantero comenzó a espantarse al ver que su carro no estaba donde lo dejó y se pasó varios minutos preguntando hasta que el autor de la broma confesó su "fechoría" y Peláez pudo abordar su vehículo.

Y en otra oportunidad, Herrera le adelantó una hora el reloj y Ricardo se despertó de forma errónea a las 7 de la mañana en lugar de las 8.

Bromas como esa fueron el pan de cada día para un jugador nuevo en un equipo muy unido, donde "Cuchillo" y Peláez encajaron como anillo al dedo y generaron una amistad que se extendió cuando años más tarde los dos jugaron en el Necaxa.

Por Luis Homero Echeverría

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