Zague El americanismo es más que una afición

El americanismo es más que una afición a un club de futbol, es... un estilo de vida.

Desde el vientre, Luis Roberto Alves ya era un predestinado a escuchar, a imaginar, a ilusionarse y más tarde protagonizar las historias del equipo más mediático de la Liga mexicana, del que todos hablan, bien o mal, los que lo quieren y los que lo repudian.

"Ser americanista es como tener un estilo de vida. Sé que esas palabras no caen muy bien en mucha gente, pero lo digo con conocimiento de causa. Nací en un vientre americanista, mi padre era un ídolo en el América de los 60 y todo el desarrollo del América estuvo muy apegado a mi persona, a mi ser, que lo viví a la distancia cuando era niño, que me inculcaron", afirmó a CANCHA Luis Roberto, quien heredó el apelativo "Zague" de su padre, José Alves, leyenda del América.

Máximo artillero de la historia americanista con 194 goles, Zague hijo está seguro de la penetración del América en todos los aficionados en México, amen o no sus colores y en eso, cree, radica buena parte de su grandeza.

"El América, estoy totalmente convencido, y puede ser que le vaya a doler a algunos aficionados, después de la Selección Mexicana, el equipo más mediático, porque sí o porque no, por las buenas, por las malas, es el América", consideró.

"Porque no sólo están los americanistas entusiastas, efusivos, que son intensos, como aquellos que están en contra del América, y ahí ya no son sólo los aficionados de Guadalajara, de Pumas, de Cruz Azul, están todos. El americanismo tiene que lidiar con esas dos partes, en el buen sentido con sus aficionados, y en sentido diferente contra los antiamericanistas".

El impacto lo sintió él por el club americanista en su niñez, al crecer con los relatos de su padre sobre las hazañas de aquel equipo sesentero, como si se trataran de comics de súper héroes.

"Mis cuentos de cuna no eran sobre El Zorro, sobre Superman o El Hombre de Hierro, eran sobre los Clásicos América-Guadalajara. Nací empapado con las historias del América, es parte de mi vida. Era una ilusión alcanzar mis metas en el América, por el hecho de querer emular a mi padre", recordó.

Zague borró de su mente las intenciones de ser piloto de Fórmula 1 y entre los 10 y 11 años decidió que quería ser parte de ese mundo que recorrió su papá y de ese ambiente de amigos y rivales por todas partes.

Y entre el primer grupo encontró a dos puntales que le reafirmaron su americanismo.

"Lo que viví de niño con relación a mi papá que me enseñó, lo vine reafirmando acá con dos de los jugadores que tienen toda una autoridad moral, porque los demás podrán hablar misa, pero si hay dos personas con las que me quito el sombrero para escuchar del América son Cristóbal Ortega y Alfredo Tena. Después de Ortega y Tena el que tiene más partidos en América soy yo. Esa es una respuesta muy clara de lo que era sentir el americanismo y tratar de plasmarlo en el terreno de juego, a tus compañeros, a los aficionados", aseguró.

"Aprendí muchas más cosas y reafirmé conceptos de ese americanismo con ellos. Aparte me recibieron muy bien y tuve la humildad de entender y adaptarme a ellos. Supe que eran referentes y me acerqué a ellos, me brindaron, me regañaron, me gritaron cuando me tenían que gritar y siempre acepté con esa humildad de que estaba hablando con esas dos instituciones".

Dos títulos de Liga, dos Campeón de Campeones, tres títulos de Concacaf y una Copa Interamericana fueron la recompensa para Zague al elegir su "estilo de vida".


El dolor de tener que irse

Después de casi 11 años como americanista, en 1996 Zague vivió la dureza de dejar a las Águilas.

Fue la primera herida que le causó su amado equipo, pero no tan dolorosa como las que le siguieron.

"Dura, me dolió mucho. Se forma el Comité de Futbol de Televisa, América, Necaxa y Atlante y empiezan a existir cambios de favores entre el sobrino y el tío, el primo y el primo, jugadores para acá, para allá, sin nuestro conocimiento y sin nuestro consentimiento. De repente un día me dicen 'vas al Atlante', pero estaba convencido de que iba a regresar", expresó Zague.

Sólo un año de azulgrana y de vuelta a Coapa para un par de torneos y un nuevo adiós en 1998, el definitivo como jugador.

"La que más me dolió fue la segunda, porque fue cuando estoy de vacaciones y alguien con una función administrativa, no era el dueño, ni el presidente, le habla a mi papá y le dicen 'oiga, señor Zague, su hijo ya no entra en planes con el América, ya no es del gusto del cuerpo técnico, su perfil no es el adecuado para un jugador de las necesidades del Club América'", recordó.

"Imagina escuchar eso después de 194 goles, más de 500 partidos, resulta que no doy el perfil ideal para ser jugador del América. Hasta en ese sentido el América es un equipo parte de mi vida, me jugó un papel triste".

Y más tarde también le llovió como directivo. Las heridas se cerraron, pero ya no hay deseo de volver.

"No tengo ninguna intención, ningún deseo de regresar. Nos invitan ahora por lo del festejo de los 100 años, pero hasta ahí".


El peso del ser Zague

De los Leones Negros, de los Tecos, de La Fiera, no, el hijo de Zague no podía estar en otro club en México que no fuera el América.

A los 18 años, Luis Roberto Alves debutó con la casaca de las Águilas en el Estadio Azteca, contra el equipo al que iba a llegar a México en 1985, la UdeG, y después de que lo buscaran también la UAG y el León, de pasar por el futbol de salón, de jugar con el Corinthians en Brasil, donde vivió su infancia.

"Como tenía 17 años (al viajar de Brasil a México) mi padre tenía que autorizar y fue cuando dice 'si mi hijo va a México, tiene que ir al Club América'. Él sabía que por el cariño que tenía el señor Emilio Azcárraga Milmo (dueño de Televisa) hacia él, sabía que me iban a tratar muy bien acá en América, por eso vengo decidido y determinado a escribir mi propia historia", aseveró Zague.

Esa, la historia, es la que lo puso contra pared, al tener de entrada que superar las "hirientes" comparaciones con lo hecho en América por su padre, José Alves, en los años 60.

"Esa losa fue muy pesada, por las comparaciones, por los detractores, los comentaristas que habían visto a mi padre jugar acá en México hicieron comentarios muy fuertes, pero les agradezco, fue lo que me picó la cresta a decir '¿Creen que no soy capaz? Ya verán'. Fue difícil, pero supe canalizar eso como una cosa propositiva, pude cumplir expectativas y, sobre todo, no defraudar a mi familia primero y no manchar el nombre Zague en el futbol de México, ese era un gran compromiso".


La que siempre quiso tener

El primer día de noviembre de 1985, Luis Roberto Alves recordó cuando veía pasearse a su compañero en el futbol de salón, Nico, con la playera que siempre quiso tener, la del América.

Evocó cuando Nico, hermano de Zizinho, quien fuera jugador de las Águilas en los años 80, presumía en Brasil la indumentaria que le enviaban desde México, y que Zague deseaba portar.

"Nico llegaba a las concentraciones con las playeras del América, lo veía y me daba un coraje porque decía 'no es posible que él tenga esa playera del América y yo no tenga', entonces llegaba a la casa y le decía a mi papá 'usted tan famoso ¿tiene una playera, un pants, algo?' Y se reía y decía 'algún día vas a tener una playera del América, tranquilo, no te desesperes'", comentó Zague.

"Cuando debuto (01/Nov/85), lo primero que me viene en mente fue eso, 'ahorita sí tengo mi playera del América, estoy jugando en el mítico e histórico Estadio Azteca', fue una explosión de felicidad".

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