Atlas recuerda sus origines.

Todo comenzó con la llegada de los hermanos Orendáin al Colegio Ampleforth, al norte de Inglaterra. Fue fundado en 1803, por monjes benedictinos, quienes hicieron su santo patrono a San Lorenzo, caracterizado con los colores rojo y negro.

No fueron los primeros mexicanos en estudiar ahí. Jerónimo de Iturbide fue llevado de la mano de su padre, Agustín, consumador de la Independencia mexicana, antes de volver del exilio. Casi un siglo después, en mayo de 1907, ingresaron Rafael, de 10 años; Ernesto, de 9, y Tomás, de 7.

Para entonces, el futbol era el deporte por excelencia del colegio, tanto que el nombre del capitán del equipo era inmortalizado en una placa de madera, de forma ininterrumpida, desde 1887.

Bajo la capitanía de PA Martin, los hermanos Orendáin conocieron el futbol. Partieron a Guadalajara en abril de 1912 con un sueño hecho realidad el 15 de agosto de 1916. "Lico" Cortina decidió el nombre, pero los hermanos Orendáin se encargaron de los colores. Así nacieron los Rojinegros del Atlas.

El mítico lugar
Después de 104 años, la camiseta de Atlas volvió a su origen. Esta vez no fue en barco, como lo hicieron los fundadores. Llegar a Ampleforth significó tomar un avión de Madrid a Londres, tres trenes -de Londres a Liverpool, Liverpool a York, York a Thirsk- y un taxi con dirección al Colegio.

Era una mañana soleada, advirtieron los lugareños, a pesar de la persistencia del verano.

Llegué a la recepción y James Rainer, encargado del equipo de futbol y de una de las casas de los estudiantes, me esperaba para entrar a la misa de las 10:00 horas. Entré en la última fila, esquivando a todos los jóvenes trajeados. Fue un contraste con las misas de México, no sólo por el idioma: la celebración eucarística fue oficiada por 20 sacerdotes, media hora previa de prácticas de canto y comunión, con hostia y sorbo de cáliz.

Terminada la misa, conocí al equipo actual de futbol de Ampleforth. Les platiqué del motivo de mi visita, un poco de historia del Atlas, y posamos con las respectivas camisetas, ambas rojinegras. Tras el protocolo, James me invitó a conocer cómo era un domingo de los que alguna vez tuvieron ahí Rafael, Ernesto y Tomás. Cambiaron los trajes por polos y pantalones característicos de las casas respectivas. Llegamos al comedor para recibir un auténtico desayuno inglés de tres tiempos.

James llevó pluma y papel a la mesa para organizar al equipo en la guerra de jalar la cuerda de esa tarde. Terminado el desayuno, me llevó por las instalaciones del Colegio, desde las partes remodeladas hasta la estructura original de su fundación. Al mostrarme la tabla de capitanes, comentó que ya sólo los de rugby aparecen ahí desde 1911; su misión era regresar el protagonismo del futbol al colegio.

Visité entonces la cancha donde jugaron por primera vez los fundadores del Atlas, alejada pero aún visible desde el colegio. Al regreso, tomé un café con Fray Terrence, el superior. Habló de la expulsión de su congregación tras el anglicanismo, su refugio en Francia -de ahí que hayan adaptado una túnica diferente a la convencional- y sus regresos esporádicos para predicar de manera clandestina, hasta que pudieron establecerse nuevamente a principios del siglo 19 y fundaron Ampleforth.

Hablamos también del simbolismo que podrían tener los colores de San Lorenzo -cuyo carisma era encontrar el amor a partir del sufrimiento- con la historia del Atlas y la fidelidad de su afición. Finalmente, me invitó a acompañarlo al evento de la guerra de jalar la cuerda en la explanada principal del colegio, donde cada casa llegaba con bandera y porra propia, entre ellos, los pupilos de James.

Al encontrarme en ese ambiente de competencia entre casas y edificios fantásticos, me atreví a comentarle que daba la impresión de ser un día en Hogwarts, la escuela de los libros de Harry Potter, a lo que él me respondió: "Bueno, hasta hace unas décadas teníamos vías de tren que llegaban exclusivamente al colegio, y una prima cercana a JK Rowling estudió aquí antes que comenzara a escribir Harry Potter, así que, ¿quién sabe?".

Caída la tarde, fue hora de volver y despedirme del colegio, ese lugar que gestó un sueño de futbol llamado Atlas.


Guillermo Sepúlveda. Licenciado en Actuaría de la Universidad Anáhuac, actualmente estudiante becado de la maestría en Gestión de Carteras en el Instituto de Estudios Bursátiles (Madrid). Participante de actividades del Atlas como ponente de los Banderazos Rojinegros de 2013 y 2015, así como organizador de la campaña "Zorrotón" para recaudar fondos y pagar adeudos a jugadores y cuerpo técnico.

Por Guillermo Sepúlveda

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